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Noviembre de 2007 - Tomo 3, Número 6
Por el Dr. John C. Whitcomb
Cuando la verdadera iglesia, el cuerpo espiritual de Cristo, finalmente experimente "la cena de la boda del Cordero" justo antes de Su segunda venida a la tierra, ella será una esposa espectacular, vestida "de lino fino, limpio y resplandeciente" (Apo. 19:8). Parte de esa esposa era la iglesia en Corintio, acosada por la carnalidad y varias heregías. Pablo les escribió: "Porque os celo con celo de Dios; pues os he desposado con un solo esposo, para presentaros como a una virgen pura a Cristo" (2 Cor. 11:2).
Aun Juan el Bautista, aunque no formaba parte del cuerpo de Cristo (cf. Mat. 11:11), anticipó el suceso de la boda fundamental: "El que tiene la esposa, es el esposo; mas el amigo del esposo (i.e., Juan el Bautista), que está al lado y le oye, se goza grandemente de la voz del esposo; así pues, este mi gozo está cumplido" (Juan 3:29).
Por lo tanto, ¡Juan estará entre los huéspedes invitados! "De cierto os digo: Entre los que nacen de mujer no se ha levantado otro mayor que Juan el Bautista... Porque todos los profetas y la ley profetizaron hasta Juan" (Mat 11:11, 13). También invitados seguramente estarán los que habrán muerto en la fe durante durante la gran tribulación.
Por supuesto, ¡infinitamente más importante que la apariencia de la esposa será la apariencia del Esposo en Persona! Nuestra gloria será solo un reflejo de Su gloria. Ahora mismo tenemos el incomparable privilegio de ser "hijos de Dios" (1 Juan 3:1, 2) mediante la fe en el pago de Su sangre en la cruz, confirmado por Su resurrección corporal de los muertos. No obstante, "aun no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando Él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es" (1 Juan 3:2).
El cambio más profundo que experimentaremos cuando le veamos será la permanente desaparición de nuestras naturalezas de pecado. Aun ahora, esta expectativa es tranformadora, porque "Todo aquel que tiene esta esperanza en él, se purifica a sí mismo, así como él es puro" (1 Juan 3:3). Su santidad absoluta será el atributo moral básico que Él nos revelará en esa cena. Por consiguiente, nosotros debemos "seguid... la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor" (Hebreos 12:14). En agradecimiento, no clamaremos de terror cuando le veamas a Él, como lo hizo Isaías el profeta: "Entonces dije: ¡Ay de mí que soy muerto; porque siendo hombre inmundo de labios, y habitando en medio de pueblo que tiene labios inmundos, han visto mis ojos al Rey, Jehová de los ejércitos" (Isa. 6:5). La diferencia era que él todavía tenía su naturaleza de pecado y, por consiguiente, quedó devastado cuando oyó a los serafines [ángeles] llamándose unos a otros cerca del trono de Dios: "Santo, santo, santo, Jehová de los ejércitos"(Isa. 6:3).
En la cena de la boda, la iglesia no sólo habrá sido glorificada por la resurrección o arrebatamiento, sino que cada Cristiano también habrá sido examinado por Cristo y recompensado o privado de una rrecompensa sobre la base de los motivos y la conducta porteriores a la conversión (1 Cor. 3:9-15). Aunque ningún mero ser humano jamás se volverá divino, nosotros tendremos cuerpos glorificados y así podremos compartir en esa cena celestial con el que es una Persona Divina con una naturaleza humana completa, incluyendo un cuerpo: "Porque en Él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad, y vosotros estáis completos en Él" (Col. 2:9, 10).
Continuará...
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